Vuelvo de mi periplo masterístico por tierras de Elche, y me encuentro la casa manga por hombro.Al final, como tuve unos anfitriones estupendos no pude ver a Clares. Pero seguro, seguro, que la vida alguna vez propiciará ese encuentro.
Pero el lío me lo encuentro al llegar.
Resulta que mientras yo impartía mis clases en la Universidad con un clima que aquí este año no hemos disfrutado ni en verano (esto lo comprobaba al salir, no es que diera la clase al aire libre, aunque ahora que lo pienso no sería la primera vez), aquí (me refiero a mi ciudad) había una tormenta de las que hacen época. Rayos, truenos y granizo que dejaban a mi edificio sin TDT (menos mal que nosotros tenemos R) y a algunos barrios sin luz.
A Guisande, hablando de bultos y enfermedades.
A Vane, un poco más triste por la fecha que es.
Y la vecina del segundo C, en el hospital.
Miedo me da ya irme este domingo a Roma.
¿Qué me encontraré a mi vuelta?
Pues eso, es que no os puedo dejar solos.
Por cierto, si a alguien se le ocurre hacer un encuentro bloguero, entre los días 5 al 9 de diciembre, os juro que os retiro los comentarios. Dicho queda ¿eh?





