
Hoy es día 9 y esa fecha en el calendario estaba marcada por dos cosas.
Una. Libros de Alba. Así que nos hemos ido al cole a comprar los que no entran en el plan de gratuidad. En el de gratuidad universal, el de antes, no en el
gratuidad solidaria de ahora. Porque Alba empieza 2º de la ESO, y como ya estaban los libros comprados, pues este año siguen como el anterior. Es decir, todos los libros son en régimen de préstamo, menos los que son de actividades. Resumiendo: dos libros, material, TIC y APA. Total 80€. Y sin quejarse, que los libros que no hemos tenido que pagar sumaban ellos solitos,
256€, que nos hemos ahorrado. Pero claro,
ahora dicen que este sistema de préstamo no es bueno, porque no es solidario, ya que no se puede ayudar por igual a ricos y pobres. Por eso será mejor que una familia de renta baja, pueda aprovechar todas las ventajas del nuevo plan (léase: los niños pueden emplear el libro como una herramienta de trabajo, para subrayar y anotar y tenerlo en casa siempre que quieran,) y pagar 76€ más que en cursos anteriores (como mínimo, ya que la ayuda máxima son 180€). Pues mirándolo así, no me consuela nada que este tipo de sistema sea el más extendido en España, ni que los estudios científicos demuestren que tener un libro en propiedad aumenta el rendimiento académico. Mi hija ha estudiado con los dos sistemas y el resultado ha sido el mismo.
La realidad es que para muchas familias gallegas de rentas bajas la vuelta al cole este año será mucho más cara que el anterior, a pesar de la ayuda. No sé, a mi no me parece ni gratuidad ni solidaria, simplemente creo que todos salimos perdiendo.
Dos. En realidad no está marcado porque, al menos yo, me acuerdo que estoy de aniversario de boda, y este año no deja de venirme a la mente lo de …Veinte años no es nada…
Pues no sé si la mirada sigue o no febril, pero el caso es que sí, que no deben ser nada, porque han pasado volando. Ha habido de todo. Días buenos y malos. Excelentes y pésimos. De amor y de no tanto. De querer tirarle los trastos a la cabeza ( y me imagino que él a mí). Pero aquí estamos, al pie del cañón, 20 años después de aquel soleado 9 de septiembre de 1989, en el que yo dejaba mi casa, mi ciudad, mi familia y mis amigos y él pensaba que se llevaba a una dulce mujercita. A estas alturas me imagino que ya se habrá dado cuenta de la cruda verdad. ¿Habrá otros 20?