
¡Ay,
por fin lo ha dicho la señora Merkel!: "
No se puede gastar más de lo que se tiene".
Esto es como los consejos para tener una buena Oratoria: “Refuerce su discurso con una cita de un experto en la materia.”
Pues ahí la tienen.
Y ¡vaya!, parece ser que esa fórmula tan simple, en la que probablemente se haya basado cualquier economía doméstica, nos la hemos saltado todos a la torera, y cuando digo todos, es todos: ricos y pobres, banqueros, dirigentes políticos, gobiernos, autonomías, ayuntamientos, empresarios, pensionistas, parados, funcionarios, autónomos, los de aquí y los de allí, cada uno en su nivel, pero al fin y al cabo, cada uno en su medida. Porque nos vamos de vacaciones y si no tenemos efectivo, pues pedimos un préstamo, y si queremos cambiar de coche, aumentamos la hipoteca, que para eso estaba ese señor del banco tan simpático que te decía: “No te preocupes, sin problema”. (Por cierto ¿dónde estará ahora ese señor que hace mucho que no le veo?) Pero por lo que se ve ninguno quiere, QUEREMOS, reconocerlo y lo mejor, como siempre es echarle la culpa al resto.
Y no puedo dejar de acordarme de mi madre, haciendo petos para todo: para cuando vayas a la universidad, para los regalos de cumpleaños, para los libros del curso que viene... Mi madre, como casi todas las de su generación, no gastaban más de lo que tenían, entre otras cosas porque no podían. Cuando se casaban, probablemente con una luna de miel corta y a poca distancia si eran de los afortunados, se iban a un piso de alquiler con lo justo, ese ajuar que sus madres habían ido juntando poco a poco: sábanas, manteles, toallas y un poco de menaje de cocina. Y a empezar a administrar un sueldo que tenía que dar para todo, incluso para ahorrar, porque nunca se sabe lo que puede pasar. Porque no había hipotecas, ni basura ni de las otras, y si te prestaban dinero había que devolverlo ¡y a qué precio! Así que el mejor sistema era ahorrar hasta que tenías el dinero para eso que deseabas, o mejor dicho, que necesitabas, o encontrar un sitio en dónde te dejaran pagar a plazos. Y esa generación llegó a comprarse un piso, a mandar a sus hijos a la universidad, a pagarles las bodas, a comprarles su primer coche (usado claro) y ayudó a hacer crecer un país a base de esfuerzo y trabajo.
Pero nosotros, que ya lo hemos tenido más fácil, no compramos sólo lo que necesitamos sino también y en la mayoría de los casos, lo que deseamos. Me gusta, lo quiero, ahora, ya. ¿Previsiones para el futuro? ¿Para qué? Se trata de disfrutar la vida ¿no?
Y no se trata de hacer demagogia barata y decir que cualquier época pasada fue mejor. No, no. No quiero volver a aquellas épocas de restricción, de privación, y de pocas recompensas a un esfuerzo ingente. Pero entre aquello y ésto, tiene que haber un término medio, y será mejor que lo encontremos pronto. TODOS.