miércoles, 21 de diciembre de 2016

De mis preocupaciones como madre

Mi hija tiene casi 21 años.
Hasta hace muy poco mis preocupaciones eran que comiera, que no enfermara, que estudiara, y sobre todo que fuera feliz.
Pero hoy, a sus 20 años mis preocupaciones son otras. Sigo queriendo sobre todas las cosas que sea feliz, pero por encima de eso, lo que quiero de verdad es que no venga alguien a las cinco de la mañana y la mate a cuchilladas en un portal cuando regresa  de pasárselo bien con sus compañeros, truncando toda su felicidad, que consiste simplemente en realizar todos esos planes que ella está haciendo en su cabeza.
Y me duele y me indigna, como madre y como mujer, que mis preocupaciones hayan cambiado solo por el hecho de tener una hija en vez de un hijo. 
Porque es cierto que todos podemos encontrarnos con otra persona con la voluntad de hacer daño a quien sea, pero mi hija, por el mero hecho de ser mujer, tiene un riesgo mayor. Un riesgo que debe asumir cada día. El de cruzarse con alguien que crea que tiene derechos sobre ella, y que en caso de no cumplir sus gustos, su fuerza física le permite hacer algo que no haría tan fácilmente con alguien de su mismo sexo y que le haría replantearse sus intenciones.
El riesgo de cruzarse con alguien que piense que las mujeres son objetos sexuales para uso y disfrute de los hombres.
Que sus deseos están por encima de la libertad de elección de ellas.
Que si no es suya no es de nadie.
Que mejor muerta que de otro.
Que su vida no vale nada.
Y que además, si ese alguien decide utilizar esa fuerza física y la mata, todavía habrá quien diga que la encontraron muerta, en vez de asesinada. Y no, estas chicas no mueren. A estas chicas las matan.
Como mujer esperaba no tener que ver que mi hija tendría que pasar por los mismos miedos que las mujeres de mi generación. Esperaba que la sociedad aprendería de sus errores, que seríamos  capaces de educarnos en igualdad, y que la violencia machista que estaba tan presente como escondida en el siglo pasado, desaparecería poco a poco, para que las chicas de la edad de mi hija, volvieran a casa tranquilas después de una noche de diversión.
Lo esperaba, pero por desgracia, todas debemos seguir esperando.

Pero mientras tanto, mientras seguimos esperando, a las mujeres las siguen matando.

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