lunes, 16 de noviembre de 2015

Del activismo repentino

Seguimos consternados por los ataques en París. Sí, sí, por los de París. Porque aunque en los últimos días el autoproclamado Estado Islámico ha atacado en Beirut, o en el Sinaí, el atentado en París es la noticia principal en todos los medios. ¿Y por qué París acapara más nuestra atención?
Por las redes se ha viralizado un artículo que cuestiona el hecho de poner el filtro de la bandera francesa en la foto de perfil de Facebook porque puede significar  "apoyar una visión del mundo en la que sólo preocupan las muertes de ciudadanos occidentales".
No voy a cuestionar la parte de manipulación colectiva que hacen ciertos medios de comunicación pero creo que quedarse solo con la idea general de esa frase es algo injusto y poco acertada. Me parece muy bien que el artículo nos haga reflexionar, es más creo que es absolutamente necesaria esa reflexión, pero no me parece tan bien que de repente todo el mundo saque como conclusión general que efectivamente parece que a los que se solidarizan con las víctimas de París, les importan más una víctimas que otras. 
Porque digo yo, ¿cuántos de esos que ahora se suben al carro del activismo en la lucha por los derechos humanos de todas las víctimas, sean de donde sean, criticando a los que se han movilizado por los atentados de París, han reivindicado con anterioridad cada día lo que está sucediendo en Siria? ¿Cuántos han sacado minutos de su tiempo para hacer visibles a esas víctimas que cada día, sí, sí, cada día, vemos en las noticias? La mayoría les habrá dedicado unos minutos de su atención, lo que dura la noticia y habrá seguido con su vida. Porque esas víctimas están lejos, porque ya nos hemos acostumbrado a verlas y porque hemos asumido la pasividad de las instituciones al respecto y la nuestra propia. 
Pero la cercanía favorece la empatía. Por eso es lógico que en Europa nos impacte tanto el atentado de París. Porque el conflicto se acerca a nosotros, porque nos hace ser conscientes de que no es algo local y puntual que está lejos, sino que es un problema global que trasciende fronteras y se convierte así no en el problema de otros, sino en nuestro problema. El de todos.
Así que, sí, agradezco el artículo de Éric Lluent, porque precisamente ha servido para agitar las conciencias de muchos que hasta hoy ni siquiera se lo habían cuestionado, Aunque en un amago de activismo repentino muchos de sus lectores se hayan quedado en lo superficial y haya servido para echarle en cara a otros  que pongan una foto con un filtro de la bandera francesa y no la del Líbano, por ejemplo. 
Pero sinceramente prefiero que a alguien se le empiecen a remover las tripas por toda esta barbarie en algún momento y por el motivo que sea, a que se queden impasibles ante ella.