martes, 27 de octubre de 2015

De la oscuridad que nos acecha

Alguien me dijo una vez que somos seres de luz. Suena algo místico e incluso esotérico. No tenéis más que buscar esa frase en Google y se os llenará la pantalla de imágenes y presentaciones de power point de esas que se convierten en cadenas interminables. Y nada más lejos de mi intención que llevaros por esa senda. ¡Lo que no me gusta para mí no se lo deseo a a los demás! Pero desde hace una temporada he llegado a mi propia teoría de la luz de los humanos. No es ni filosófica, ni religiosa, ni mística. Es simplemente una de esa teorías imperfectas que hago a lo largo de mi vida. Quizás porque mi lado racional siempre busca una explicación medianamente lógica a lo que sucede a mi alrededor.
No sé si somos seres de luz, pero sí sé que hay gente que ilumina mi vida, y que me ayuda a que yo también pueda iluminar la de otros. Es una especie de equilibrio y de relación de reciprocidad. Quid pro quo. Pero eso sí, entended "iluminar" con la apreciación que cada uno de vosotros queráis darle.
El caso es que siempre hay momentos de oscuridad que nos acechan. Momentos en los que esas grandes antorchas que nos guían durante el camino se convierten en pequeñas llamas frágiles y ligeras que pueden apagarse en cualquier momento por una simple ráfaga de aire, y sin ellas nuestro camino se queda a oscuras. Y lo que antes era un senda fácil se convierte en un camino empinado y pedregoso. Así me siento muchas veces desde que la luz de uno de los faros de mi vida se va haciendo cada vez más tenue. Pero a veces al mirarle y ver el brillo de sus ojos al verme aparecer, al darle un beso o al hacerle reir, me doy cuenta que yo también soy una luz para él y entonces reconozco que afortunadamente tengo otras luces alrededor que hacen posible que yo pueda reflejar esa luz también para él. Esa gente que me quiere y se alegra de mis logros personales y profesionales, pero que también comprende mis tristezas y mis ausencias y me deja el espacio libre que necesito cuando no estoy en el mejor de mis días. Que desde lejos o cerca me ayudan con un abrazo o un beso pero también con un mensaje de whatsapp, un Me gusta de Facebook o un retuit. 
Porque eso es lo que hace que cada día pueda librarme de esa oscuridad que nos acecha.