lunes, 27 de abril de 2009

Soltarla de la mano

Ha llegado el momento. Por primera vez, voy a soltarla de mi mano.
Dentro de poco más de una semana, mi hija va a viajar por primera vez al extranjero sin sus padres. Y no penséis que no me gusta la idea. Siempre he dicho que lo mejor que puede darle un padre a un hijo, además de un cariño incondicional, es una buena educación, y en ello estamos. Como premio a un expediente académico intachable, Alba ha sido elegida junto con otros dos alumnos de su cole para participar en un proyecto del programa Comenius en el que participan varios colegios de toda Europa. El Programa Comenius tiene por objeto reforzar la dimensión europea en el campo de la educación infantil, primaria y secundaria, promoviendo la movilidad y la cooperación entre centros educativos. En este caso, el intercambio se hace con un centro de Padua (Italia).
A nosotros nos gusta mucho viajar, y desde que tuvo una edad suficiente para que el viaje fuera un placer también para ella, ha venido con nosotros allá donde vamos. Y así se ha convertido en una adicta a viajar, a conocer otras culturas, a chapurrear idiomas más o menos desconocidos sin ningún tipo de pudor. Cuando llegamos de un viaje ya pregunta cuál será el siguiente, y aunque es una niña aparentemente tímida (en realidad yo diría que es observadora) que siempre ha tenido mucha costumbre de ir de nuestra mano (ahora ya vamos del ganchete), desde hace tiempo ya nos ha dicho que le gustaría ir a estudiar al extranjero.
Así que, como preludio, por primera vez, voy a soltarla de mi mano (aunque lo que de verdad siento, es lo que explica El Roto en la imagen que os dejo) para dejarla experimentar cosas sin nuestra protección directa. Vivirá una experiencia única que ya me hubiera gustado a mí vivir con 13 añitos recién cumplidos. Conocerá no sólo otro país, sino que vivirá con otra familia diferente, tendrá unos nuevos compañeros y nuevos profesores, adaptará su oído a un nuevo idioma, probará nuevas comidas, y además, este verano, en nuestro viaje por Italia, será ella la que nos enseñe cosas a nosotros.
Creo que todo eso compensa con creces el mal rato que van a pasar sus padres durante una semana.

10 comentarios:

Titajú dijo...

soy firme partidaria de enviar a los niños a hacer algún curso fuera.
Las mías irán, si el tiempo lo permite, a USA, concretamente a Columbus, donde dejé ya todo preparado (familia incluida) para que puedan estudiar allí.
Es algo que va a resultar útil, y muy, muy duro.
Pero nadie ha dicho que ser padres fuese fácil, ¿verdad?

PMM dijo...

Pues no, fácil no es, Titajú.

supersalvajuan dijo...

Todo es relativo, no se puede generalizar.

Superwoman dijo...

Pues mira, resulta duro, pero te da tablas para toda la vida y encima se te engancha en la sangre... Yo la primera vez que hice algo asi, tenia 14 años... y luego fui empalmando: a los 16, a los 17, a los 18... hasta aqui...
Un supersaludo

Mameluco dijo...

Yo cuando era un niño, no me importaba viajar. Después de los 18 años se convirtió en un suplicio. Yo soy más casero que un arbitro. Eso de trasponer al quinto pino, donde hay gente que no te entiende, etc... no va conmigo.
Si, sé que soy raro, a mucha gente le llama la atención de que exista alguien a quien no le guste viajar. Yo creo que lo de conocer nuevos colores, sabores y olores es la excusa (mitad mística-mitad lugar común) porque son culillos de mal asiento, unos "cachucheros" que diríamos en mi pueblo. Pero claro, es una opinión personal, y la gente debe hacer lo que le haga sentir mejor.
Pero a mi me señalan con el dedo porque no me gasta viajar, jajajaja, como si fuera un leproso. (Bastante he viajado obligado por mis salidas al campo de mi carrera.)

Lo que si es verdad que los púberes están deseando viajar para quitarse de en medio a los "viejos" un rato, jajajaja. Porque como decía ¿Y lo que cuesta ser padre?, a lo cual respondo ¿Y lo que cuesta ser hijo? Yo, como ser pueril y sésil así lo veo.
Pero claro, yo fui un buen adolescente (no bebo alcohol ni tomo drogas, ni nada de eso) que ha dado más problemas a mis padres en la veintena (por mis enfermedades mentales) que en la decena, donde siempre fui sumiso, obediente y comodón, solo algo vago y dado a la vena artística.

Si he molestado a alguien con mi crudeza, pedirles perdón por anticipado. Pero hay que hablar claro.

PMM dijo...

Claro que todo es relativo,supersalva, quizás a veces demasiado.
SW, si fuera ese el caso de Alba, su padre y yo esteremos encantandos, después de pasar este primer trago.
Y Mameluco, comprendo a la gente que no le gusta viajar, porque sus razones tendrá, pero el miedo a lo desconocido está siempre presenta, aunque a algunos nos puede al curiosidad. y no creo que hayas ofendido a nadie.

Matapollos dijo...

Soy una de esas mamás neuróticas y sobreprotectoras, lo reconozco. Pero opino como tú, a los hijos hay que dejarles volar fuera del nido, igual que los pajaritos tienen que aprender, aún a costa de pasarlo mal las mamás(o muy requetemal mal, en mi caso).
Tarde o temprano se irán... y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando...

Clares dijo...

Ya hubiera querido yo algo así para mi infancia y juventud. En fin, lo de los hijos es que va asi. Luego, hasta se sueltan demasiado, y sufres un montón, pero por lo general vuelven, y vuelven acompañados. No sabía si podría pasarme por los blogs amigos, porque hasta hace media hora tenía aquí a mis dos nietos y a sus padres cenando. Los críos se han ido bañados, cenados y en pijama. Para que veas. Se van y vuelven. Me alegro por Alba, que va a tener una experiencia estupenda. Besicos

Virtu dijo...

¡Qué envidia! ¡Quién pudiera ser Alba con sus trece añitos!
Y te entiendo, porque soltar la mano a los 13 no es lo mismo que cuando tienen 1 año. Diferente connotación, diferente escala.

PMM dijo...

Matapollos, yo creo que podría encuadrarme en la misma categoría de madre que tú, pero he intentado superar mis miedos si la experiencia para ella iba ser gratificante. Aunque es asemana seguro que se nos va a hacer muy larga.
Clares, me gustaría ser una abuela así. Eso significaría que mi hija está a gusto en su primer nido, y no le importa volver aunque tenga el suyo propio.
Virtu, de envidia también me muero yo. Ya me hubiera gustado vivir a mí esta experiencia a su edad.