miércoles, 18 de marzo de 2009

Las linces


Me encantan los linces. Nadie duda que son una de las especies más hermosas en extinción.

Me encanta el ser humano, pero jamás se me ocurriría comparar a mi hija con una cachorrita de lince. Aunque las dos sean igual de hermosas en su especie.

Por eso, no sé quien ha asesorado al director de campañas de la Iglesia Católica para hacer una con una comparación directa entre seres humanos y animales, pero quien lo haya hecho se ha equivocado.

Admito que cada uno tenga sus creencias y espero que los demás también lo hagan conmigo.

Creo que mi conciencia moral, no mis creencias religiosas, no me permitiría abortar en circunstancias normales, y digo circunstancias normales, porque no sé lo que haría si supiera que mi futuro hijo iba a pasar por una vida de sufrimiendo y dolor extremo. Pero sí sé que yo no soy nadie para decidir por otros, otras en este caso, y me gustaría que quien en algún momento tuviera que dar un paso como ese lo hiciera en las mejores condiciones sanitarias posibles y con asesoramiento profesional sobre lo que implica lo que va a hacer, antes de tomar esa decisión.

También me gustaría que los mismos que han diseñado esa campaña no tuvieran una doble moral, permitiendo que miles de niños en el mundo se estén muriendo de SIDA por no tomar las medidas adecuadas para no transmitir esa enfermedad. Por qué no salvamos a esos cachorrillos que están en peligro de extinción.Y ellos ¿por qué no?