jueves, 26 de marzo de 2009

El club de las malas madres


El azar ha querido que esto que os voy aponer a continuación me llegue por dos vías diferentes: ya lo había leido hace tiempo en el blog de Superwoman, pero hoy una amiga que me lo ha enviado por correo electrónico.
Así que creo que esta doble llamada de atención, y que comparto lo que dice el texto, merece que al menos en parte lo reproduzca aquí:
“Yo no soy una buena madre. Y probablemente usted, que me lee, tampoco. Si usted ha decidido quedarse en casa y consagrase al cuidado de sus hijos es usted una madre hiperprotectora, amén de un parásito, un ser que vive a expensas de otro y a espaldas de las verdaderas preocupaciones y dificultades de la vida. Si usted trabaja fuera de casa entonces desatiende usted a sus hijos, y nadie valorará el hecho de que tenga usted que hacer verdaderos malabarismos para conciliar la vida familiar y la laboral. Lo peor de todo es que unas madres y otras van acusándose mutuamente: la que se queda en casa arremete contra la que trabaja, y viceversa, como si no fuera suficiente con recibir los ataques de los pediatras, los psicólogos, los especialistas en sueño, los periodistas, las madres, las suegras y las cuñadas.
Nosotras, las madres de hoy, aseguran ciertos psicoanalistas, somos la fuente de todos los problemas de nuestros hijos, porque tenemos demasiada fuerza y le hemos robado la autoridad a los padres. Si su hijo es hiperactivo, si tiene rabietas, si insulta a otros niños en el colegio, la culpa será siempre de usted, porque o bien le consiente demasiado o bien no le atiende lo suficiente. ¿Y dónde están esos padres a los que les hemos robado la autoridad? ¿Cuánto han luchado para defenderla? Nadie culpará al padre, nadie cuestionará nunca que el padre trabaje fuera de casa o viaje. Pero ¡ay de usted si lo hace! No solo tendrá que enfrentarse al goteo constante de comentarios más o menos directos o indirectos por parte de su madre, de su suegra, de las madres de los compañeros de cole de su retoño, sino, sobre todo, tendrá usted que lidiar con su propio sentimiento de culpa, que no la dejará vivir.
Yo no soy una buena madre. Trabajo fuera de casa y además viajo. Dejo a mi hija con canguros. Tengo novios y vida social. No le he proporcionado a mi hija ese entorno familiar estable que entronizan los manuales de pediatría y las revistas de papel couché. No soy una buena madre pero pago las facturas de mi hija (el colegio, la comida, los canguros, la ropa, los juguetes, el pediatra y, muy a mi pesar, las Barbies), apenas duermo para poder llevarla al colegio todos los días, dedico la mayor parte de mi tiempo libre a su cuidado y todo mi espacio mental a pensar en ella. No soy una buena madre, como no lo somos ninguna. Es lo más parecido a lo que vivíamos en la primera adolescencia. La que intimaba con los chicos era una puta, la que se resistía era una estrecha: no había término medio. El caso es que nunca llueve a gusto de todos y una mujer nunca hace las cosas bien.
A la madre nunca se le valora lo que hace y para colmo no tiene derecho a quejarse, so pena que se le diga que… es una mala madre.
Nuestra sociedad es perfeccionista y quiere individuos perfectos. Superhombres que se afeiten con acabado impecable, que conduzcan coches que apenas hagan ruido, que vayan al gimnasio tres veces por semana. Supermadres de brillante sonrisa y silueta juncal, triunfadoras en todos los ámbitos, adoradas por sus maridos y respetadas por sus jefes, y criadoras de niños sanos y emocionalmente estables. Nuestra sociedad ha convertido el goce en un modelo, y el goce inmediato en el valor supremo. Y un niño no es goce ni inmediatez. Un hijo implica renuncia y perspectiva. Y sobre todo, implica aceptar que la perfección no existe.
Usted, que me lee ¿está con los nervios de punta porque no le da tiempo a hacer todo lo que debería?, ¿tiene diez kilos de más?, ¿no tiene tiempo para ir al gimnasio y, si lo tuviera, lo emplearía en dormir?, ¿desearía que a veces fuera él el que se ocupara de la compra, de la colada, de los biberones y de la visita al pediatra?, ¿a veces se enfada, a veces está harta, a veces llora y a veces, mucha veces, no está en condiciones de dar lo mejor de sí misma? Estupendo. Bienvenida al Club de las Malas Madres. Recuerde: no somos las mejores pero somos la mayoría.”

El resto del texto lo podeis seguir leyéndolo en la entrada “El club de las malas madres” en Una blog como otra cualquiera de Lucía Etxebarría

10 comentarios:

Gala dijo...

Hola!!

Ya había leído este artículo de Lucía Etxebarría. Y creo que tiene mucha razón.

Ya comenté en el blog de Clares que a día de hoy para los psicólogos (y demás gente que se dedica a estudiar esto) no parece haber un término medio de madre: o demasiado protectora, o dedica muy poco tiempo a sus hijos. Y, por supuesto, cualquier problema que sus hijos desarrollen será consecuencia de su comportamiento.

Eso si, nadie culpa a los padres de nada (como parece que aún se supone que ellos no deben dedicarse a educar a sus hijos...).

Biquiños!

Mameluco dijo...

Yo, como seré mal padre seguro, me abstendré de tener vástagos, pero digo lo siguiente. La frase que se dice en los colegios cuando un niño sale rebelde es : La culpa es de los padres, en plural. No de la madre.

Las madres en su mayoría son todas buenas. Lo que está desapareciendo es el concepto de madre de las de antes, solo eso. Y las madres de antes tenían mucho mérito. Un montón de chiquillos y mucho que hacer y aguantar al marido. Hoy, lo digo por lo que veo en mi entorno, los padres ayudan en todo. Hay turnos para las cosas y niñeras. Y se ha conseguido en una generación.

Yo como he dicho no tengo la intención de tener hijos. Yo sufro mucho y no quiero que sangre de mi sangre sufra igual. Aparte de que sería un mal padre como he dicho antes, pero malo, malo.

Titajú dijo...

Soy mala madre, malísima. Y además, una maruja de mil pares de narices.
No sé si mi opción ante la vida es la correcta, pero es mi opción.
Y si alguien tiene ganas de juzgarme para justificar su sueldo, su frustración, su rabia, o su ¿envidia? (envidia no creo), pues adelante.
Lo bueno de mi caso es que he podido elegir, nadie me ha impuesto nada.
Pero es igual, hagas lo que hagas, siempre meterás la pata.

Virtu dijo...

Mi niña de casi dos añitos me dice siempre: "mala mamá", así que yo también debo pertenecer a ese club. Me alegro.

Gala dijo...

Mameluco, creéme, yo creo que también seré una mala madre seguro, empezando por el hecho de que sabiéndolo quiero traer algún niño al mundo igualmente (a no ser que mejoren las cosas y yo cambie, o empeoren y decida que es mejor no intentarlo).

Estoy segura de que hay padres que se reparten las tareas y se ocupan de sus hijos, porque por suerte las cosas van cambiando.

En mi anterior comentario quizás fui un poco radical, pero sigo insistiendo en que no hay un "modelo" de madre intermedio, en que se las hace sentir culpables por todo. Si trabaja fuera de casa, por prestarle poca atención, si no lo hace, porque no se dedica a si misma; o es demasiado protectora, o da demasiada libertad...

Matapollos dijo...

También conocía este artículo y creo recordar que esta misma autora ha escrito otro muy interesante sobre el trato que se nos da a las mujeres en los partos.

A veces recuerdo las palabras de mi madre y de mi suegra recriminándome a mí directamente porque mi marido llevaba el nudo de la corbata mal hecho o la ropa mal combinada, cuando es él quien se ocupa de sus cosas personales.
A las mujeres siempre se nos exige más y más. Parece que entre nosotras tengamos declarada una guerra sin fin cuando son muchos los hombres que están abiertos a nuevos caminos.

En el blog de Clares hay un artículo estupendo, junto con sus comentarios, sobre la maternidad y el feminismo de la diferencia. No os lo perdáis.

PMM dijo...

Gala, quizás además de ser malas madres, seamos egoistas, porque la maternidad es una de las mejores cosas de la vida. Sin ponernos cursis, no creo que haya ninguna otra forma de amor desinteresado, amar por el mero hecho de amar sin esperar nada a cambio.
Mameluco, me quiero ir a tu entorno. Eso de padres que ayudan en todo, todavía me parece una frase de ciencia ficción, y te lo dice alguien que tiene una pareja que quizás tú incluirías en esa categoría. Pero no, en todo todo, yo sigo creyendo que todavía hay poquíiiiiiiisimos. El 50% todavía no se ha alcanzado.
Titajú, madre y maruja, y aún encima por elección. Chica, que uqieres que te diga, fenomenal.
Virtu, yo también me alegro de ser una mala madre de esas.
Matapollos !por Dios! ¡Cómo puedes dejar a tu marido salir a la calle si hacerle bien el nudo de la corbata! Como tú dices a las mujeres siempre se nos exige más y más, peor lo peor de todo, es que nos lo exigimos nosotras mismas. Queremos ser madres perfectas, trabajadoras perfectas, mujeres perfectas, amantes perfectas. No, debo confesar que la perfección me cansa mucho, y que prefiero descansar un poco.
El artículo de Clares, ese sí que es perfecto.A ver si se pronuncia al respecto.

Carolina. dijo...

¡Me encantó, pero me encantó!
Un besote!

Caro.

PMM dijo...

Hola Carolina, bienvenida. Espero que te gusten otras cosas y nos visites a menudo

Superwoman dijo...

Le debo todavia a Lucia una respuesta, pero la dejo para cuando recupere la libertad por las mañanas... mirando a mi Superchurumbel es que no me sale la ironia fina :D
Un supersaludo (y gracias por leerme)