
Se acerca el carnaval, pero ya hace algún tiempo que hay gente con careta por la calle.
Y no penséis mal. Me refiero a la gente de
Anonymous, esos ciber activistas que luchan por la transparencia, la libertad de expresión y los derechos humanos. Que tiene voz pero no cara, y por eso cuando salen del ciberespacio para manifestarse en la vida real, toman prestada la máscara del anarquista de la novela
V de Vendetta.
Aquí en España se les ha visto sobre todo manifestándose contra la
Ley Sinde, que por cierto, en realidad es sólo la parte referida a la industria cultural que está dentro de la
Ley de Economía Sostenible. Y es aquí a dónde quiero llegar. A la incertidumbre y la duda razonable. Porque sinceramente, a estas alturas de la película todavía no tengo yo muy claro si defender o criticar la ley Sinde tan apasionadamente como hacen detractores y benefactores, entre otras cosas porque reconozco no haberme leído el documento legal. Creo en los derechos de autor, y en la necesidad de protegerlos precisamente como una forma de que los autores puedan vivir de su trabajo y puedan así seguir creando. Sobre lo que tengo más de una duda razonable es sobre la forma de hacerlo. Y es que estamos en una época en la que todo va muy deprisa, tan deprisa que no sabemos como enfrentarnos a ello y mucho menos como legislar al respecto.
Vamos tan deprisa, que echamos de menos las cosas buenas del pasado, pero no sabemos como adaptarlas a este presente vertiginoso que vivimos. Queremos que nuestros niños dejen de estar tanto tiempo en el ordenador, que jueguen más, que se relacionen con otros niños, pero para eso necesitamos recuperar espacios que hemos perdido, esos que en su momento hemos ido cediendo en aras del progreso, cuando el progreso se basaba en la construcción y los principios del consumismo. Nuestras calles, nuestras ciudades en realidad ya no son nuestras, y no estoy tan segura de que queramos recuperarla para nosotros. De nuevo otra duda razonable.
Lo que nos encanta ver en otras ciudades como turistas, y que venimos repitiendo hasta la saciedad después de unas vacaciones, no podemos soportarlo en la nuestra, porque si las ciudades se peatonalizan, estamos quitando espacio para los coches. Y eso parece que a día de hoy es nuestro talón de Aquiles. ¡
No sin mi coche!Agotamos los recursos naturales, y hablamos de ecología, de reciclar, de ecosostenibilidad, pero no sabemos como adaptarnos a estas nuevas necesidades. Hoy, que los conflictos en el norte de África nos ponen delante de las narices (además de la permisividad que hemos tenido con unos cuantos dictadores) la necesidad de ahorrar energía, porque podemos agotar nuestras reservas de recursos naturales, hablamos y hablamos de las medidas adoptadas por el gobierno. Unas medidas que, como poco, la mayoría califica de impopulares, buscando argumentos para rebatir su implantación. Y aquí de nuevo yo vuelvo a tener dudas razonables, porque no sé a ciencia cierta, si de verdad esas medidas, ahorrarán todo el petróleo que se pretende, aunque sí creo que no nos harán consumir más, porque no olvidemos que no se trata sólo de ahorrar dinero,
se trata de ahorrar energía,
una energía que gastamos todos aunque la paguemos, pero que
de poco nos servirá poder pagarla cuando ya no haya de dónde sacarla. Y a mí lo que me sorprende es que la mayoría no tenga esa incertidumbre, y que siga pensado en que podemos usar y tirar todo lo que queramos mientras lo podamos pagar, como si esto fuera una fuente inagotable de recursos. Pero los recursos se agotan, podamos o no pagarlos. La clave es
¿cuándo estaremos dispuestos a asumir que la época de la abundancia está llegando a su fin si seguimos comportándonos como hasta ahora, sin preocuparnos nada más que de nuestra propia generación? El mundo va demasiado deprisa, pero nuestra capacidad de reacción no va al mismo ritmo. Así que como en los juicios, si hay al menos una duda razonable que me haga pensar que esa decisión puede servir para algo, no puedo atreverme a declararla inútil, así a la primera.
Pero claro, yo es que en muchas cosas, tengo mis dudas razonables. Benditos aquellos que tienen la plena certeza para todo.