martes 4 de enero de 2011

De peticiones

El nuevo año ha comenzado, y en mi afán de ser un espíritu de la contradicción, no hago propósitos por el año nuevo, entre otras cosas porque sé que muchos de ellos no los cumpliría, y entonces ¿para qué vamos a perder el tiempo?
Así que yo me lanzo directamente, conservando algo de espíritu infantil, eso sí, a hacer la Carta de los Reyes, que para algo es una de las noches que más me gustan del año. Y como por pedir que no quede, pido poder ver siempre cariño incondicional cuando me miro en los ojos de mi hija; pido sentir siempre cerca a mis seres queridos y a los amigos a los que la distancia separa de mí físicamente pero no de mi corazón; pido seguir compartiendo buenos momentos con esas amigas vestidas de rosa que el destino ha puesto en mi camino; pido que la justicia haga su trabajo; pido salud, mucha salud; pido seguir luchando por mis ideas, las políticas y las otras, ante los que no opinan lo mismo que yo; pero este año, sobre todo, pido que se cumplan los deseos de dos personas a las que quiero y que les permita recorrer 6.000 kilómetros para construir su propia familia, y que así podamos dar y recibir unos estupendos besos con sabor a chocolate.
Total, tampoco es tanto pedir ¿no?