En Facebook, he cambiado momentáneamente esa camiseta rosa que siempre tengo en mi foto
de perfil y que ya forma parte de mi vestimenta espiritual e irá conmigo allá donde yo vaya aunque no se vea, por una imagen de Heidi. Sí, Heidi, la de Pedro, la del abuelito y las cabritas. ¿Por qué? Bueno, pues porque aunque a veces esos movimientos que circulan por las redes sociales son más anecdóticos y simpáticos que otra cosa, y la gente se une a ellos sin pensar, éste a mi, me ha llegado al corazón.
Hoy, viendo las caritas de esos niños que están muriendo por la epidemia de cólera en Haití, o recordando que a pesar de los pesares todavía tenemos que seguir
celebrando el Día Internacional contra la Violencia de Género porque sigue habiendo mujeres asesinadas por sus parejas y por lo tanto niños que se quedan sin una madre y que en algunos casos no sólo son testigos de esos malos tratos sino de la muerte de su madre, o que en Galicia, la Xunta envía un comunicado a los colegios en el que recuerda que los alumnos son su responsabilidad desde que llegan al centro (A buenas horas, Mangas Verdes), me doy cuenta de que tener una infancia como la que yo he tenido, rodeada de cariño y comodidades, de juguetes, de risas y de dibujos animados, en muchos casos sigue siendo un privilegio. Así que sí, hasta finales de noviembre, veréis la carita sonriente y sonrosada de Heidi en mi perfil, porque es uno de mis recuerdos infantiles favoritos, pero también, porque es mi manera de poner en evidencia que en este siglo XXI hay muchos otros que no han podido o no podrán tenerlos y que por lo tanto, aun nos queda mucho camino por recorrer.
de perfil y que ya forma parte de mi vestimenta espiritual e irá conmigo allá donde yo vaya aunque no se vea, por una imagen de Heidi. Sí, Heidi, la de Pedro, la del abuelito y las cabritas. ¿Por qué? Bueno, pues porque aunque a veces esos movimientos que circulan por las redes sociales son más anecdóticos y simpáticos que otra cosa, y la gente se une a ellos sin pensar, éste a mi, me ha llegado al corazón.Hoy, viendo las caritas de esos niños que están muriendo por la epidemia de cólera en Haití, o recordando que a pesar de los pesares todavía tenemos que seguir
celebrando el Día Internacional contra la Violencia de Género porque sigue habiendo mujeres asesinadas por sus parejas y por lo tanto niños que se quedan sin una madre y que en algunos casos no sólo son testigos de esos malos tratos sino de la muerte de su madre, o que en Galicia, la Xunta envía un comunicado a los colegios en el que recuerda que los alumnos son su responsabilidad desde que llegan al centro (A buenas horas, Mangas Verdes), me doy cuenta de que tener una infancia como la que yo he tenido, rodeada de cariño y comodidades, de juguetes, de risas y de dibujos animados, en muchos casos sigue siendo un privilegio. Así que sí, hasta finales de noviembre, veréis la carita sonriente y sonrosada de Heidi en mi perfil, porque es uno de mis recuerdos infantiles favoritos, pero también, porque es mi manera de poner en evidencia que en este siglo XXI hay muchos otros que no han podido o no podrán tenerlos y que por lo tanto, aun nos queda mucho camino por recorrer. 


